domingo, 12 de abril de 2015

LA CACHARRERÍA DEL SR. COMILÓN: BODEGÓN CON CACHARROS


Bodegón con cacharros
Francisco de Zurbarán (hacia 1650)
Museo del Parado, Madrid, España


  Como ya sabéis, desde no hace mucho, en El Platillo Comilón, hay una nueva sección llamada La Cacharrería del Sr. Comilón, por lo tanto, aquí tenéis un post dedicado a la cacharrería del siglo XVII, reflejada con ingenio y maestría por Francisco de Zurbarán.

  Normalmente unimos la figura de Zurbarán a la imagen religiosa, es cierto que fue el pintor sevillano predilecto, es cierto que tiene obras con monjes de prácticamente todas las órdenes religiosas (la serie dedicada a los monjes Cartujos es impresionante), pero Zurbarán pintaba más allá de la divinidad. Nació en Fuente de Cantos, Badajoz, pero su formación y desarrollo como artista durante toda su vida fue en Sevilla, excepto un primer viaje a Madrid invitado por Velázquez a ir a la corte para hacer uno de los cuadros de Batalla del Salón del Reino, junto una serie dedicada a los trabajos de Hércules para el mismo aposento en el Palacio del Buen Retiro. Zurbarán no tuvo el beneplácito pictórico del Rey y volvió a Sevilla donde siguió con los encargos religiosos, hasta que un joven Murillo apareció en la escena Sevillana, haciendo que Zurbarán, por entonces ya mayor, volviera a trabajar en Madrid. Su pintura no solo sirvió como la insignia de la contrarreforma al pintar, tal y como se solicitaba, con el rigor y decoro del siglo XVII en España. Su pintura es táctil, refleja la calidad del objeto, los materiales, las formas pincelada tras pincelada.

  Esta obra la podemos admirar en el Museo Nacional del Prado, Madrid, capital de España, aunque en el Museo de Arte de Cataluña hay una versión de la misma. Cuando se está delante de ella se ve perfectamente la repisa de madera donde reposan cuatro recipientes útiles básicos de la cocina de la clase social alta, por que los pobres no tenían una vajilla tan delicada, pero que en realidad son objetos cotidianos y no tienen un uso especial. Es importante citar que los cuatro útiles, dentro de esta pintura, pueden ser tratados y considerados como obras de arte individualizadas, pero Zurbarán hizo un grupo para tener una imagen en su conjunto.

  El primer recipiente es de metal, seguido por el de porcelana, después el de cerámica y por último el de porcelana con bandeja de metal. Aunque el pintor hizo pocos bodegones, en este se esmeró con cada detalle. Cuando el espectador se postra ante esta obra de arte en el museo, no tiene ninguna referencia mística o alegórica al paso del tiempo o una doble lectura como sí ocurre en otros bodegones. Aquí vemos un bodegón de cacharros donde Zurbarán demuestra su técnica, el uso de la luz, los contrastes y esa sensación táctil ya mencionada.


FÍJATE CON DETALLE

  • Todos los cacharros tienen dos asas.
  • Estas asas apuntan para lados diferentes, de este modo tenemos sensación de espacio y vemos como Zurbarán dispuso estos objetos.
  • Los objetos son de tamaño real o natural según los artículos publicados recientemente (La formación de los pintores en los talleres sevillanos, Zurbarán ante su centenario (1598-1998): textos de las ponencias presentadas en el Seminario de Historia de Arte, en Soria, del 21 al 25 de julio de 1997 / coord. por Alfonso Emilio Pérez Sánchez, 1999, Págs. 49-59).
  • Ausencia de superposición de sombras entre los diferentes objetos.


  El primer objeto es un benergal de plata, con su posterior baño dorado. Según la R.A.E.: “taza para beber, ancha de boca y de forma ondeada”. Aunque tiene otra definición más como “tinaja que recibe el agua que destila el filtro”.





  Los objetos de cerámica blanca, para alguna porcelana, se llaman alcazarras. Según la R.A.E.: “vasija de arcilla porosa y poco cocida, que tiene la propiedad de dejar rezumarse cierta porción de agua, cuya evaporación enfría la mayor cantidad del mismo líquido que queda dentro”. Según Natacha Seseña, una de las mejores investigadoras sobre el tema de la alfarería, entre otros, las alcarrazas eran piezas tradicionales de Andalucía, con especial uso en Sevilla, donde se las vidriaba de color blanco.




  La tercera pieza, la de barro rojo, es una botella, posiblemente de origen portugués, aunque quizás tenga procedencia americana debido al comercio emergente de aquellos años en los que Zurbarán pintó la obra.










  • Los platos que cierran está composición son de peltre, es decir, un material metálico realizado mediante la aleación de cinc, plomo y estaño.


  Como veis, las obras de arte nos pueden dar mucha información, así como la propia cacharrería. Esta última forma parte de nuestra historia y seguro que casi todos nosotros, en mayor o menor medida, tenemos en casa diversos utensilios heredados o comprados, que nos recuerdan a la cacharrería de otros tiempos. Debemos tener en cuenta que, dependiendo de la tipología, el uso que se le dé y el nombre de cada una de estas piezas, su lugar de procedencia puede variar.







No hay comentarios :

Estaré encantado de saber tu opinión