domingo, 26 de abril de 2015

BUÑUELOS DULCES DE PÉTALOS DE FLOR DE FALSA ACACIA (PAN Y QUESILLO) Y ALMENDRA


© El Platillo Comilón



INGREDIENTES:

  -   500 ml de leche entera
  -   Piel de medio limón
  -   Canela en rama
  -   125 gr de azúcar (5-6 cucharadas aproximadamente)
  -   Una cucharada de mantequilla
  -   Media cucharadita de sal
  -   250 gr de harina (un vaso y medio aproximadamente)
  -   4 huevos
  -   Un vaso de pétalos de flor de falsa acacia blanca
    (pan y quesillo)
  -   2-3 cucharadas de almendra cruda molida
  -   Un sobre de levadura química en polvo
  -   Aceite de girasol 
  -   2 cucharaditas de canela molida
  -   Azúcar para cubrir los buñuelos una vez fritos

* para ver las cantidades y equivalencias de las medidas pincha AQUÍ


ELABORACIÓN:

  “La falsa acacia” o "árbol de pan y quesillo", científicamente conocida como “Robinia pseudoacacia L.”, es un árbol caducifolio de gran altura protegido por una agrietada, gruesa y negruzca corteza. Su floración oscila de primavera a mediados del verano, desde finales del mes de abril o principios del mes de mayo, hasta julio (en el hemisferio norte). Sus ramas, sobre todo en los ejemplares más jóvenes, presentan una serie de espinas de hasta 2 centímetros aproximadamente de longitud, con las que hay que prestar especial cuidado para no dañarnos a la hora de recolectar sus flores.



  Estas, de color blanco y de intenso olor dulzón, se agrupan a modo de racimos. Una vez que la flor desaparece se van formando una especie de vainas alargadas de color marrón en cuyo interior se encuentra el fruto, una semilla con forma arriñonada del mismo color. Esta no es comestible, es tóxica. Únicamente son comestibles sus flores, las cuales presentan un efecto diurético.



  ¿Nunca habéis comido flores de “pan y quesillo”? En el patio del colegio al que yo iba, había un árbol de este tipo que, por primavera, se llenaba de flores. En los recreos trepábamos por su tronco para poder coger algún racimo y poderlas comer. Aún recuerdo su sabor dulzón. Por ello, desde El Platillo Comilón, vamos a rememorar ese aroma y sabor de la niñez en unos pequeños y deliciosos bocados convertidos en buñuelos dulces. ¿Nos acompañas a la cocina?

  En un cazo para calentar echamos medio litro de leche entera con la cáscara de medio limón, con cuidado de no cortar la parte blanca para que no nos transfiera amargor, una rama de canela, 125 gramos de azúcar (5-6 cucharadas aproximadamente), una cucharada de mantequilla, media cucharadita de sal y lo ponemos a fuego medio-bajo para infusionar. Dejamos hervir unos minutos para que la leche adquiera el sabor y aroma de la canela y del limón, quitándolo posteriormente, para así añadir de golpe 250 gramos de harina de trigo (un vaso y medio aproximadamente). Con el cazo retirado del fuego para evitar que se adhiera el contenido en el fondo del mismo, removemos sin parar hasta obtener una masa homogénea y consistente. Vertemos el contenido en una fuente de cocina honda, lo tapamos con un paño de cocina limpio y dejamos reposar en el frigorífico hasta que se entibie.




 Pasado este tiempo, batimos en un plato 4 huevos y lo agregamos poco a poco a la fuente donde está la masa. Removemos bien hasta obtener una masa lo más homogénea posible, momento en el que añadimos un sobre de levadura química en polvo, un vaso de pétalos de flor de acacia blanca y 2-3 cucharadas de almendras crudas molidas. Las almendras las podemos comprar ya molidas, pero si tenemos almendrucos en casa y queremos utilizar esas almendras, debemos retirarles la piel o cáscara exterior antes de molerlas.


¿Cómo quitamos la cáscara a las almendras?
Sígueme en mi sección: Técnicas de cocina.



  Mezclamos bien y ya tenemos nuestra masa de buñuelos lista.


  En una sartén honda y de gran tamaño ponemos unos 2-3 dedos de aceite de girasol a fuego medio-alto. En este caso no usaremos aceite de oliva ya que transfiere un sabor muy intenso al buñuelo pudiendo incluso llegar a modificar su sabor.

  Cuando el aceite esté caliente, bajamos un poco el fuego para evitar que se nos quemen y arrebaten por fuera y queden crudos por dentro. Con ayuda de una cuchara grande cogemos un poco de masa y la vertemos en la sartén con cuidado de no quemarnos. Esto lo hacemos de forma repetida hasta llenarla parcialmente dejando el espacio suficiente para poder darles la vuelta.



  Veremos cómo flotan y van adquiriendo su color y forma tan característicos. Una vez dorados los sacamos a un plato con papel absorbente. Esta acción la hacemos hasta que la masa se termine.



  Cuando hayan escurrido el aceite pasamos a cubrirlos de una capa de azúcar y canela. Para ello mezclamos en  un plato hondo azúcar con 2 cucharaditas de canela molida y, uno a uno, pasamos los buñuelos hasta que queden completamente cubiertos. Los dejamos reposar hasta que se enfríen y ya podemos disfrutar de este maravilloso dulce.





2 comentarios :

  1. Esto me va a gustar mucho, pero que mucho. ¡Anda que no habré comido yo pan y quesillo!

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  2. Que fotos tan bonitas. Seguro que están riquisimos!!! Saludos.

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