domingo, 20 de julio de 2014

BUTTERMILK (SUERO DE MANTEQUILLA)


© El Platillo Comilón



INGREDIENTES:

   - Un vaso de leche semidesnatada
   - Una cucharada y media de zumo de limón


ELABORACIÓN:

  Es increíble todo lo que podemos llegar a hacer en la cocina. Podemos encontrar muchísimos ingredientes que, por desconocimiento, no los integramos en nuestras recetas sin llegar a experimentar mejores resultados de las mismas. Hace poco encontré en varios libros de cocina americanos y en Internet un ingrediente llamado “buttermilk” muy utilizado para hacer salsas, mejorando e intensificando su sabor, y, sobre todo en repostería, aportándonos a los bizcochos por ejemplo, una mayor esponjosidad y humedad. ¿Qué será eso? pensé… y tal es mi curiosidad por saber y conocer nuevas cosas que hoy os voy a contar y explicar de qué se trata y la manera de hacerlo de forma casera y sencilla.

  La traducción de este término al español es “suero de mantequilla”. ¿Raro, verdad? Pero no os asustéis porque es muy muy fácil de entender. Es un producto lácteo resultante de la elaboración de la mantequilla, es decir, el líquido que se obtiene al batir la nata para obtener mantequilla. Este es de color blanquecino, parecido al color de la leche pero con una textura algo más espesa y de sabor ligeramente agrio. No debemos cometer el error de confundir lo que es el suero de mantequilla con lo que es el suero de leche. El primero se obtiene, como hemos comentado anteriormente, y no es más que el líquido residual que aparece después de hacer la mantequilla, mientras que el segundo se obtiene durante el proceso de elaboración del queso.

  El buttermilk lo podemos encontrar en el supermercado o tiendas especializadas en repostería, aunque en España está muy poco comercializado aún. Si lo encontramos debe estar en la zona de productos refrigerados y, seguro, que es importado de Estados Unidos (buttermilk) o Alemania (buttermilch). Pero como vemos que es complicado encontrarlo…no os preocupéis, porque el Sr. Comilón tiene la solución.



  Para hacer buttermilk de forma casera llenamos un vaso de los de agua de leche semidesnatada templada, no caliente, y agregamos una cucharada y media de zumo de limón, evitando que caiga pulpa y huesecillos. Si no tenemos limones en ese momento, podemos sustituirlo por vinagre de vino blanco. Mezclamos bien con una cucharita y dejamos reposar a temperatura ambiente unos 10-15 minutos aproximadamente para que las bacterias realicen el trabajo de fermentación. 



  Veremos cómo poco a poco la leche se torna más líquida, apareciendo a su vez pequeños grumos, es decir, adquiere la apariencia de leche cortada. Y… ¡listo! así es como la queremos para utilizarla en la receta que lo necesite ¿fácil, verdad?




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